La blancura que se pagaba con la piel
Durante siglos, un rostro blanco significaba que no trabajabas en el campo. Para conseguirlo se usaban polvos de plomo: se aplicaban de manera uniforme, duraban mucho y daban esa tersura de porcelana. El plomo, además, se absorbe a través de la piel y se acumula en el cuerpo.
La trampa era circular: los polvos dañaban la piel, la piel dañada había que cubrirla con una capa más gruesa, y más gruesa significaba más plomo. La gente veía que el rostro empeoraba, pero lo atribuía a la edad y al clima, no al frasco sobre el tocador.
- Polvos de plomoUn tono blanco uniforme a costa de un metal que se acumula en el cuerpo y destruye la piel bajo la pintura.
- Verde de arsénicoEl verde intenso del siglo XIX se basaba en un compuesto de arsénico. Las trabajadoras que fabricaban hojas artificiales eran las más afectadas.
- Vendado de piesEn China, a las niñas les rompían y vendaban los pies para lograr una longitud de unos diez centímetros. Después, solo podían caminar con pasos muy pequeños.
El verde es otra historia. Hasta mediados del siglo XIX, casi no había forma de producir un verde intenso, y un compuesto de arsénico fue todo un descubrimiento: vestidos, papel pintado, flores artificiales. Las intoxicaciones no se detectaron en los bailes, sino en los talleres donde las mujeres manipulaban hojas venenosas con las manos durante doce horas al día.
El principal peligro de la moda era el corsé muy apretado.
Los historiadores todavía discuten sobre el corsé: mucho dependía de cómo se llevara. En cambio, el plomo de los polvos y el arsénico de la pintura intoxicaban sin ninguna duda.
Por qué se soportó durante tanto tiempo
La moda nunca ha tratado solo de belleza. Un rostro blanco, un pie estrecho, un verde caro: todo eso funcionaba como un pasaporte, mostraba a qué círculo pertenecía una persona y cuánto podía permitirse. Renunciar significaba quedar fuera del propio grupo social.
La segunda razón es menos interesante y más importante: el daño llegaba tarde. Entre los polvos y la piel enferma pasaban años; entre el vestido verde y la debilidad, meses. Sin un químico, no había forma de relacionar una cosa con la otra, mientras la belleza funcionaba de inmediato.
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Fuentes
- Los polvos de plomo y el verde de arsénico aparecen descritos en la historia de la química y la medicina del siglo XIX. El número de víctimas de los incendios de crinolinas suele exagerarse en los relatos populares: no existen recuentos exactos