Sigues el volumen, no a quien tienes al lado
En 2013, investigadores grabaron en vídeo cómo aplaudían estudiantes tras breves presentaciones y analizaron la grabación segundo a segundo: quién empezó y quién dejó de hacerlo en cada momento. La expectativa era sencilla: una persona sigue a quien se sienta cerca. Pero resultó ser distinto. La probabilidad de que te sumaras durante el siguiente segundo dependía de cuántas personas de la sala ya aplaudían, no de si aplaudía quien estaba a tu lado.
La sala no se comporta como una cuadrícula de vecinos, sino como un único espacio sonoro: oyes el ruido general y te ajustas a él. Por eso los aplausos no avanzan como una ola de la primera fila a la última, sino que estallan en todas partes a la vez. Seguro que alguna vez te has encontrado aplaudiendo antes de decidir si te había gustado. Segundo a segundo, se ve más o menos así.
- 0 sLa ponente termina. Un breve silencio: todos esperan a que alguien empiece.
- ≈1 sAplauden una o dos personas, normalmente las más impacientes.
- ≈3 sAplaude casi toda la sala, no por filas, sino de golpe.
- ≈6 sAlguien baja las manos y la sala se apaga rápido.
Los aplausos no terminan cuando la gente se aburre
La observación más incómoda para quienes exponían en el mismo estudio: la duración de los aplausos casi no se relacionaba con lo buena que había sido la presentación. Exposiciones de calidad similar recibían a veces una breve ráfaga y otras unos aplausos notablemente más largos. Gran parte de la variación la marcaba el momento en que la primera persona dejó de aplaudir: parar se contagia tanto como empezar. El ruido baja y a los demás les resulta más fácil bajar las manos.
De ahí viene un viejo recurso teatral: en los teatros parisinos del siglo XIX había claques, personas contratadas que iniciaban y prolongaban los aplausos. No necesitaban convencer a la sala de que la obra era buena. Bastaba con no dejar que el ruido bajara en los primeros segundos.
Esto no se queda en la sala. La risa en compañía, la ovación al final de una película, los aplausos en un festival infantil: en todas partes ocurre lo mismo. Cuanta más gente tienes cerca, menos cuenta tu valoración y más el volumen de alrededor.
Una estimación, no una medición: los días en que hay más gente a tu alrededor, suele influir más el ruido general que tu propio «me gustó».
Es útil saberlo desde ambos lados: cuando estás en la sala y cuando estás frente a ella esperando una reacción.
- No interpretes la duración de los aplausos como una valoración: depende mucho de quién dejó de aplaudir antes que nadie.
- ¿Esperas la reacción de la sala? Deja una pausa al final: necesita espacio.
- ¿Te incomoda ser quien aplaude primero? Tras un par de segundos, ya decide el volumen general, no quien tienes al lado.
- Cuando dejes de aplaudir, no lo hagas de golpe: tu gesto hace bajar un poco el ruido general.
¿Por qué empiezas a aplaudir con la sala?
¿De qué depende sobre todo la duración de los aplausos?
Fuentes
- R. Mann y colaboradores. La dinámica de los aplausos del público. Revista de la Interfaz de la Royal Society, 2013
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