Por qué no hay un límite
La Tierra tiene una superficie porque la materia cambia de estado bruscamente: el aire termina y empieza la roca. A presiones enormes, esa separación tajante no existe. El gas se comprime cada vez más hasta pasar a un estado que se parece a la vez a un gas y a un líquido.
Más abajo, la presión aumenta hasta ser millones de veces mayor que la de la superficie terrestre. En esas condiciones, el hidrógeno empieza a conducir la electricidad y a comportarse como un metal líquido. Probablemente, esta capa genera el potente campo magnético del planeta.
Bajo las nubes de un gigante gaseoso se esconde una superficie sólida hasta la que podrías volar.
No hay ningún límite: un estado de la materia pasa gradualmente a otro. Probablemente haya un núcleo pesado en el centro, pero no una esfera rocosa con una superficie, sino una región difusa con materia disuelta en ella.
Qué mostró el descenso
La única sonda que descendió a la atmósfera de un planeta así fue enviada allí en los años noventa. Transmitió datos hasta que quedó destruida y logró alcanzar una profundidad pequeña para los estándares planetarios, mientras detectaba vientos más fuertes de lo esperado.
150 kilómetros pueden parecer una gran profundidad, pero para un planeta en el que cabrían mil Tierras, son una fina película. Todo lo que hay a mayor profundidad se conoce por cálculos y mediciones del campo gravitatorio, no por observaciones.
Por cierto, ¿dónde situamos el límite superior? En estos planetas, se toma como cero de altitud convencional el nivel en el que la presión es igual a la de la superficie del mar en la Tierra. Es simplemente una convención para facilitar los cálculos, no algo físicamente especial.
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Fuentes
- La sonda Galileo entró en la atmósfera de Júpiter en diciembre de 1995 y transmitió datos durante aproximadamente una hora. El interior de los gigantes gaseosos se conoce a partir de modelos y mediciones de sus campos gravitatorios