La ventaja
Se lee de forma secuencial, requiere tiempo y saber leer, y cada afirmación puede cuestionarse porque está formulada.
Se capta en un segundo y de una vez: no hay una afirmación, sino una imagen, y no hay nada que discutir.
De ahí su principal característica. Un cartel no convence con argumentos, sino que establece una actitud: quién es de los nuestros, quién es ajeno, qué provoca miedo y qué orgullo. Y lo hace antes de que empiece el razonamiento.
La repetición también funciona. La misma imagen, reproducida en miles de copias y colgada en todas partes, se vuelve familiar, y lo familiar parece más verdadero, aunque no contenga ninguna afirmación.
Recursos que se repiten
El último punto es el más grave por sus consecuencias. Representar a una persona como si no fuera humana no se debate ni se refuta, y eso ha precedido históricamente a los acontecimientos más atroces.
El auge del cartel llegó en una época en la que la fotografía era cara y no existía la televisión. Era la principal imagen de masas: barata, rápida de imprimir y accesible para quienes tenían dificultades para leer.
Hoy ocupa ese mismo lugar la imagen de tu feed. La mecánica no ha cambiado: una imagen, dos colores y una apelación directa; solo que ahora no se imprime, sino que se difunde mediante republicaciones.
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Fuentes
- Los mensajes visuales se perciben más rápido que los textos, no exigen saber leer y no contienen afirmaciones explícitas, lo que dificulta su evaluación crítica
- entre los recursos habituales del cartel están la apelación directa al espectador, el contrapicado, una paleta de alto contraste y la representación del adversario mediante imágenes deshumanizadoras