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Por qué la vergüenza desaparece en la multitud

Redacción de Miqo · 3 fuentes

La vergüenza necesita un testigo que te reconozca

La vergüenza es una emoción que tiene menos que ver con el acto que con quien lo presencia. Necesita a alguien que pueda vincular lo que hiciste contigo: con tu cara, tu nombre, tu reputación del día siguiente. Por eso la misma travesura se siente distinta entre desconocidos en otra ciudad que ante tus vecinos del edificio.

En una multitud, ese vínculo se rompe. La oscuridad, la ropa idéntica, las capuchas, cien espaldas alrededor: desaparecen las señales que permiten distinguirte de las demás. La atención de quienes están cerca ya no se dirige a ti personalmente, y el observador interno que suele preguntar «¿cómo se ve esto desde fuera?» se calla. Además, la responsabilidad se diluye: si grita todo el mundo, nadie en concreto grita.

La prueba más clara fue el experimento de Halloween de Edward Diener y sus colegas, publicado en 1976. Dejaban entrar en un recibidor a niñas y niños que iban a pedir dulces, les pedían que tomaran un caramelo y se iban. Antes, a algunos les preguntaban su nombre y dirección, y a otros no; unos llegaban solos y otros en grupo.

Quienes no daban su nombre y llegaban en grupo tomaban de más en casi 6 de cada 10 casos. Solos y tras identificarse, menos de 1 de cada 10.

No desaparece la conciencia, sino el miedo a destacar

La primera explicación sonaba sencilla: la multitud quita los frenos y deja salir lo salvaje. Pero en las réplicas de laboratorio el efecto es más débil de lo que sugieren los relatos, y estudios posteriores describen el mecanismo de otra forma. Al disolverte en la masa, no te quedas sin reglas: dejas de medirte con tu criterio personal y adoptas el que marca el grupo aquí y ahora.

✕ MITO

En una multitud, la persona pierde la moral y se embrutece.

✓ HECHO

Cambia de criterio. En un experimento, participantes anónimos con uniformes parecidos a los médicos se comportaron de forma más amable que quienes eran identificables: el anonimato reforzaba la señal del disfraz, no la crueldad.

De ahí que haya multitudes que se comportan mejor que cada persona por separado. El anonimato en una cadena de voluntariado o en un estadio donde cantan todos también quita el miedo a hacer el ridículo. No se borra la conciencia, sino la cautela de destacar, y hacia dónde te lleve depende de lo que haga la mayoría a tu alrededor.

Por eso no importa el tamaño de la multitud, sino hasta qué punto cada persona se distingue en ella. Cinco personas que se conocen por sus nombres mantienen mejor la vergüenza que doscientas desconocidas con bufandas iguales.

Noche, capuchas, todas iguales
Te conocen por tu nombreEres parte de la masa
Ponte a prueba1 / 2

¿Por qué puede debilitarse la vergüenza en una multitud?

Fuentes

  1. Diener, Fraser, Beaman, Kelem, «Efectos de las variables de desindividuación sobre el robo entre quienes piden dulces en Halloween», Revista de Personalidad y Psicología Social, 1976
  2. Johnson, Downing, ibid., 1979
  3. Postmes, Spears, metaanálisis de la desindividuación, Boletín Psicológico, 1998

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