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En qué se diferencian la vergüenza y la culpa

Redacción de Miqo · 2 fuentes

Un mismo error, dos reacciones distintas

Te olvidaste de un día importante para una amiga. Después pueden pasar dos cosas casi indistinguibles desde fuera. En un caso, no dejas de darle vueltas al episodio: no escribiste, no llamaste, ella estaba esperando. En el otro, no dejas de darle vueltas a ti: qué clase de persona soy después de esto, siempre me pasa lo mismo.

Aquí las palabras se confunden. En una conversación, «me da vergüenza» y «me siento culpable» se usan indistintamente, y una sola frase no permite saber qué está sintiendo alguien. Lo más habitual es que aparezcan las dos emociones a la vez; la cuestión es cuál pesa más. La diferencia no se ve en las palabras, sino en lo que ocurre después.

Ayer perdí los nervios con mi hija por una tontería.

¿Y qué sentiste después?

Que soy una persona horrible. No pude ni mirarla en toda la tarde.

¿Y si lo dices de otra manera: le grité, ¿fue injusto?

Entonces iría a pedirle perdón. Pero me fui a otra habitación.

Aquí se oye el cambio. Mientras la valoración sea «soy una persona horrible», no hay nada que hacer: no puedes rehacerte en una tarde. En cuanto vuelve a «le grité», aparece una acción que tiene una destinataria.

Dónde recae la valoración

Los psicólogos describen esto como distintos objetivos de una misma valoración. Helen Block Lewis propuso la distinción en 1971, y desde entonces se mantiene: la culpa apunta a la conducta y la vergüenza, a la persona. Entre esos dos objetivos hay niveles intermedios.

  1. Soy así
  2. Soy esa clase de persona
  3. Actué así
  4. Fue así aquella vez

Abajo está el caso concreto; arriba, tú por completo. Cuanto más arriba sube la valoración, menos queda que se pueda reparar: un acto tiene una destinataria y una forma de compensarlo; «soy así» no tiene ni lo uno ni lo otro.

Por eso la culpa suele empujarte hacia las personas, mientras que la vergüenza te aleja de ellas. June Tangney y sus colegas lo demostraron en muchas muestras: la tendencia a sentir culpa se relaciona con las disculpas y la empatía, y la tendencia a sentir vergüenza, con la evitación, la actitud defensiva y la ira. Son autoinformes y correlaciones, así que el patrón es sólido, pero no absoluto: la vergüenza no siempre es destructiva y la culpa no siempre es útil.

Culpa

El objetivo es el acto. Te impulsa a arreglarlo: disculparte, rehacerlo, volver con la persona.

Vergüenza

El objetivo eres tú. Te impulsa a desaparecer: no mirar, no llamar, cambiar de tema.

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Fuentes

  1. Helen Block Lewis, «Shame and Guilt in Neurosis» (1971)
  2. June Tangney y Ronda Dearing, «Shame and Guilt» (2002)