La novedad paga por adelantado
Cuando decides salir a correr por las mañanas, recibes una recompensa antes de tu primera carrera. Ya tienes una imagen en la cabeza: levantarte a las siete, sentir más ligereza, ser una versión distinta de ti dentro de un mes. Te hace sentir bien, y te hace sentir bien ahora. La carrera llegará después y será dura.
Las neuronas dopaminérgicas tienen una característica descrita ya en los años noventa: responden menos a la recompensa en sí que a la diferencia entre lo esperado y lo ocurrido. Algo inesperadamente bueno produce una señal intensa. Lo mismo, pero predecible, produce casi ninguna señal. En la segunda semana de salir a correr ya no queda nada inesperado: conoces la ruta, sabes dónde te dolerá y qué viene después. No hay señal, y parece que ha desaparecido tu «motivación». No ha desaparecido la motivación, sino la novedad.
Por eso gustan tanto los lunes y los primeros días del mes. Una fecha señalada te permite separar a tu yo anterior de tu yo nuevo y volver a recibir esa recompensa por adelantado. Los investigadores llamaron a esto efecto del nuevo comienzo: después de esas fechas, es bastante más probable que la gente se proponga objetivos. Fíjate: es más probable que empiece, no que llegue hasta el final.
Interés por día: un pico al principio y después una caída cuando todo se vuelve predecible. Esta es la forma del fenómeno, no datos de medición.
Empezar es una decisión; continuar significa decidir de nuevo cada día
Empezar se siente como un solo acto: compras unas zapatillas, pones una alarma y listo. Pero prometerte «salir a correr» no es una sola acción: son decenas de decisiones distintas, y cada una se toma por la mañana, en la cama, sin testigos y sin una imagen bonita en la cabeza.
Hasta que una acción se vuelve automática, cada vez requiere un esfuerzo aparte. Cuánto tarda es una cuestión abierta. En un estudio de Phillippa Lally y sus colegas, varias personas repitieron una acción cotidiana elegida en el mismo contexto; entre quienes llegaron a la automaticidad, tardaron unos 66 días, con un rango de 18 a 254. El estudio fue pequeño: lo empezaron 96 personas. Los «21 días» que se repiten a menudo no tienen nada que ver con estos datos. Estos resultados no permiten establecer un plazo exacto para que una acción se vuelva automática: las pruebas son débiles y las diferencias entre personas son mayores que cualquier promedio. No te apoyes en una cifra, sino en la idea de que tardará «más de lo que parece».
Qué te mantiene cuando se acaba la novedad
Si empezar se sostiene en una recompensa por adelantado, continuar depende de tener que tomar la decisión con menos frecuencia. Lo que funciona no es la fuerza de voluntad, sino reducir el número de decisiones: una hora, un lugar, una acción tan pequeña que saltártela cueste más que hacerla.
Y una cosa más: un bache a mitad de camino no es señal de que hayas elegido mal. Es exactamente el punto en el que la novedad ya se ha acabado, pero la automaticidad aún no ha empezado. También pasan por ahí quienes al final siguen adelante.
Empezar te recompensa por la idea; continuar solo te recompensa por repetir. Aburrirte en la segunda semana no es señal de fracaso, sino de que has llegado al punto en el que todo se decide.
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Fuentes
- Schultz, Dayan, Montague, Science, 1997: sobre la respuesta de las neuronas dopaminérgicas al error de predicción. Lally y sus colegas, European Journal of Social Psychology, 2010: formación de hábitos, 96 participantes al inicio. Dai, Milkman, Riis, Management Science, 2014: efecto del nuevo comienzo