Dos preguntas distintas
La primera pregunta es: ¿con qué poca frecuencia aparece esta prueba en una persona elegida al azar? La segunda: ¿qué probabilidad hay de que esa persona sea inocente, dado que se encontró la prueba? Las respuestas coinciden solo cuando la persona sospechosa se eligió de antemano y no al azar.
Veámoslo con cifras. Supongamos que el rasgo aparece en 1 persona de cada millón y que en la ciudad viven 10 millones de personas. Entonces hay aproximadamente 10 personas con ese rasgo. La coincidencia reduce el grupo a 10 personas, pero no demuestra la culpabilidad de una sola.
Indican lo rara que es la prueba. 1 posibilidad entre 1 millón. Suena como una condena.
Olvidan el tamaño del grupo. ¿Cuántas personas podrían estar bajo sospecha? Cuanto mayor sea el grupo, más coincidencias casuales habrá.
Cambian la pregunta. Presentan la rareza de la prueba como la probabilidad de inocencia. Son magnitudes distintas.
Dejan que la cifra decida el caso. El jurado oye una cifra contundente y la interpreta como una prueba.
El nombre se asocia a la acusación por una razón: le conviene que la rareza de la prueba suene como una demostración. Pero cualquiera puede cometer este error, incluida la defensa, si retuerce las probabilidades a su favor.
Si una coincidencia aparece 1 vez entre 1 millón, la culpabilidad está demostrada.
Eso solo indica lo raro que es el rasgo. La conclusión también depende del tamaño del grupo de sospechosos y de lo que se sepa además de esta prueba.
Un caso conocido
En Gran Bretaña, acusaron a una madre de la muerte de 2 bebés. Un experto afirmó que la probabilidad de 2 muertes accidentales en una familia así era de 1 entre 73 millones. La cifra causó una fuerte impresión y el veredicto fue de culpabilidad.
En el cálculo hubo 2 errores. Multiplicaron las probabilidades como si fueran independientes, aunque los casos de una misma familia pueden estar relacionados por una causa común. Y, sobre todo, no las compararon con la probabilidad de la alternativa: que la madre hubiera cometido un doble asesinato, que también es extremadamente pequeña.
La condena se anuló más tarde y organizaciones estadísticas condenaron oficialmente esta forma de calcular. El caso se convirtió en un ejemplo clásico de cómo una cifra convincente puede desviar al tribunal de lo esencial.
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Fuentes
- El caso de Sally Clark, condenada en 1999 y absuelta en 2003, se convirtió en un ejemplo clásico del uso incorrecto de las probabilidades en los tribunales
- la comunidad estadística criticó públicamente el cálculo presentado